martes, 2 de octubre de 2012

Un fin sin comienzo



No es fácil saber que uno sobra en una historia, ni tampoco es fácil saber que uno cada día quema partes de su propia semblanza.
La valentía siempre tiene un toque de estupidez, esa que nos hace dar la vida sin recibir algo a cambio. Algo realmente lindo, de lo cual uno nunca se debe avergonzar; ni hoy, ni mañana serán el caso.
Los lobos aulladores deben saber que por más que le lloren a la luna, esta preferirá estar junto a los exploradores que dieron ese gran paso para poder estar en ella, y bueno ¿Qué posibilidad tiene un lobo cariacontecido ante ellos? ninguna; seamos realistas.
Sé que nunca seré ese por qué la luna salga todas las noches con aquel brillo que hace que el futuro más incierto sea el presente más despejado. Sé que nunca sentiré ese fulgor que sólo ella es capaz de dar a los venturosos fulleros. Sé que nunca estaré envuelto en aquella melodía mágica... sé que nunca seré nada, pero no me importa, porque sé que mis aullidos son responsables de que ella, la que rocía mi vida con su atrayente luz, siga brillando, aunque sólo sean granitos de arena en una montaña.
Realmente da igual. No quiero... no puedo dejar de admirar esa luna. ¿Para qué ver estrellas carentes de destello si puedo ver un astro tan hermoso? Ni aunque recorra todos los jardines del mundo, todos los mares y todas las memorias ya desechas, no encontraré algo como esto en el futuro.
No sé si ésto será bueno o será malo, sólo sé que ésto me hace sentir vivo... me hace sentir como yo aprendí a vivir y como yo colgaré mis botas.